lunes, diciembre 14, 2009

Por una Navidad diferente

Amigo/a:
Jesús nos convoca a una Navidad diferente.
Navidad no sólo son regalos; tampoco es sólo fiesta: Navidad es reflexión, Navidad es acordarnos del que está solo. Navidad es dar antes que recibir. Navidad es el nacimiento de Jesús.
Dios quiere hacer de tu vida una constante Navidad, donde la paz, la esperanza, el amor y la convicción de un futuro seguro llenen tu mente y corazón para siempre. Solamente, tienes que invitar a Jesús para que sea el Señor y Salvador de tu vida, alegrándote así no solo por un mes, sino por el resto de tus días.
Que en esta Navidad tengas presente a Aquél que todo lo dio por amor a nosotros.
Que la cena, los regalos, y todo lo demás, no sean tu verdadero propósito en esta Navidad. Sino el recibir a Cristo en tu corazón.
¿Abrirás las puertas de tu corazón, para que en él nazca el Niño Jesús?
Entonces sí tendrás una:
¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

Parroquia San Andrés Apóstol. Jovita.

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lunes, noviembre 03, 2008

Costumbres y recuerdos

1º y 2 de noviembre
En la liturgia católica los días 1º y 2 de noviembre figuran como el Día de los Santos y el Día de los Muertos, respectivamente. Pero la tradición popular hacía que los dos días fueran dedicados a honrar a los difuntos en el cementerio.
Remontándonos a varias décadas atrás, estas fechas se tenían muy en cuenta, y hasta se establecían feriados administrativos para que las personas pudieran viajar a los lugares donde tenían sepultados a sus deudos. Esto se transformaba en un encuentro de familiares, que tal vez no se verían hasta el próximo año, en estas mismas circunstancias.
En esos tiempos, los autos eran privilegio de algunos pocos, por lo que era muy común ver desde muy temprano la larga fila de sulkys y carros de las personas que vivían en las colonias cercanas, y pasaban gran parte del día en el cementerio. Otro medio de transporte lo constituían los camiones que esos días eran adaptados como vehículos para llevar pasajeros y tenían un recorrido y paradas establecidas dentro del pueblo, donde las personas los esperaban con sus ramos de flores, velas, jarrones y otros objetos que llevaban para honrar a sus difuntos.
El rezo del Rosario ante cada bóveda o panteón era un ritual que se hacía con verdadera reverencia y respeto. Como no todos sabían rezarlo, había quienes se dedicaban a hacerlo, cobrando un pequeño “diezmo” por realizar esta oración.
Pero había otro hecho singular y menos místico. Teniendo en cuenta que había gente que venía de lejos, fuera de las puertas del camposanto, se levantaban unas carpas donde se podía comer y tomar distintos tipos de bebidas, y al final del día era común encontrar alguno con unas copas de más...
Aunque la nota especial, para alegría de los más chicos, la constituía la carpa de los helados, que ese día daba comienzo a la temporada de venta, que llegaba hasta principios de marzo. Muchos iban ahorrando de a moneditas para este singular acontecimiento.

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miércoles, marzo 05, 2008

Los remedios de la abuela

Los tiempos cambiaron. Algunos nostalgiosos piden recuerdos. Por ejemplo, antes las enfermedades más comunes se curaban con remedios caseros. Estos son varios de los más usuales (y algunos todavía hoy vigentes):

En épocas de gripes y resfríos se ponían a hervir (generalmente sobre un brasero) hojas de eucalip­tos, que humectaban el ambiente; las ventosas combatían los dolores de espalda; también alivia­ban el catarro, a igual que las cataplasmas de lino.

Para mejorar los síntomas de los resfríos, ade­más, se hacían "vahos" (hoy llamados inhalacio­nes) con agua hirviendo; podría ser con eucalipto o con sellos especialmente preparados. Ello requería toda una ceremonia: en una palangana se ponía el agua para que produjera abundante vapor; sobre ella se ubicaba la cabeza del afectado y se cubría todo con una toalla grande -o mejor si era una frazada- para aprovechar el calor y los vahos, que cumplían su misión de alivio.

Para curar los abscesos se hacían fomentos, para las hemorroides (a las que se denominaban almorranas) baños de asiento de malva y para los pies cansados los baños en agua tibia con sal. Una purga anual en base a sal catártica (sal inglesa), alejaba las enferme­dades y purificaba la sangre. Y había una varie­dad de distintos tés, según fuera la dolencia.

Toda esta "medicina casera" contaba con un ingrediente especial: el cuidado y esmero con que se cumplían los procedimientos.

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